martes, 28 de agosto de 2012

Oremos.

 
   Habéis aparecido por fin. No como todos hubiésemos querido, pero confirmando una certeza que sólo vuestra madre quería negar, porque ninguna madre quiere sobrevivir a sus hijos. De verdad que siento, como padre y como persona, que hayáis tenido que abandonar este puñetero mundo tan pronto y sin que os hayan preguntado si queríais.
   Espero que en el lugar donde estáis ahora os encontréis al lado de Mari Luz y que sea Marta quien vigile las travesuras que no podréis hacer por aquí abajo.
   Yo, desde este humilde blog de expresión, os pido que si veis a vuestros ángeles de la guarda, darles de collejas hasta que dimitan y para que los demás espabilen.
   A vosotros y por vosotros, a todos los niños que dieron su inocencia obligados. Por todos ellos, que lo hicieron en el pasado, en el presente y en el futuro, os llevamos en un cachito de nuestro corazón y rogamos por el bien de nuestros hijos nacidos y por nacer.
                                                                         AMÉN

                                                                       


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