miércoles, 26 de diciembre de 2012

Lo que olvidamos.

   A veces pasa cuando salta la noticia. La policía desarticula una trama de corrupción, un caso de violencia de género, un asesinato, lo que el lector prefiera. Seguidamente empiezan a aflorar personas, o persona, que cuentan lo que saben, pero que mientras ha transcurrido el delito y hasta su descubrimiento han permanecido callados, escondidos. Cómplices o testigos
   La verdadera razón de por qué esas personas, o persona, han decidido dejar de callar sólo la saben ellos. Los demás sólo podemos mostrar asombro ante el tamaño del delito y preguntarnos ¿ por qué ahora ? achacando ese ahora al rencor, la envidia, estar el menos tiempo posible en la cárcel, el egoísmo, taparse el uno al otro hasta que uno deja de hacerlo y otros motivos que se quedan atrás. Pero no debemos olvidar que sólo podemos vivir en nuestra casa y conjeturar sobre lo que pasa en la de los demás. Por lo cual no sabemos si existe la posibilidad de que dichas personas, o persona, vivan bajo una presión asfixiante, que le obliga a estar callado sabiendo los riesgos que corre su vida y la de las personas más cercanas a ellos.
   Y con esto no quiero defender a nadie que sea cómplice de un delito, ni que se me malinterprete si es un testigo, pero dejemos que las instituciones pertinentes se encarguen de despejar la equis de la ecuación o que el tiempo ponga las cosas en su sitio. Para hacer nuestro particular juicio de valores tenemos tiempo de sobra.
   Dedicado a Gustavo Déniz, en paz descanse. Sólo tú lo sabes.
   Saludos y hasta otro comentario.
  

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