Emilia no fue a la cárcel, pero poco le faltó. Y no fue porque contase con el favor del juez, que tenía prisa en encerrarla porque era un enemigo público, sobre todo para los que tienen tarjeta de débito o de crédito. La presión pública en la redes sociales evitó su ingreso.
Su mala suerte es que ni es epiléptica, ni el abogado que llevaba su caso es familia de un amigo del Ministro de Justicia para darle el indulto. Tampoco es la presidenta de alguna asociación juvenil ligada a algún partido político que se preocupara para evitar el ingreso, a pesar de que ya ha cumplido con la pena, que en su momento recibió. Ni tan siquiera le valió la generosidad en el perdón del afectado.
AENA los ha encerrado en celdas sin rejas. Prisioneros en sus propias casas con libertad condicional. Con la de tierra desierta que tenemos para construir otro aeropuerto y poner la puñetera tercera pista de aterrizaje y liberar a los vecinos de Ojos de Garza de la terrible pena de doce años revisable, AENA se empeña en tenerlos allí con el motivo que sea. Los vecinos afectados cuentan con el respaldo político autonómico y local, no podía ser menos, y del ciudadano, insuficiente dada la cabezonería de esta empresa y no atender a la razón de dejar sin hogar a muchísima gente. Negocios son negocios.
Su mala suerte es que los ninguno de los afectados es amigo de alguna alma caritativa que les compre sus casas y sus tierras, para luego revenderlas a precio de oro al Ministerio de Fomento. O que pertenezcan a algún partido político que hubiese mandado hacer gárgaras el proyecto. Sólo son ciudadanos contribuyentes al servicio del gobierno.
Saludos y hasta otro comentario.
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