Fue un gesto que resume toda la lucha política que mantienen Soria y Rivero desde que el primero es ministro en este gobierno que gobierna mal. Fue el gesto del perdedor de una carrera en la que el juez le ha obligado a correr según las normas de la competición, con las que él tenía las de perder. Fue algo más que un gesto de mala educación y falta de buenos modales. Con ésta clase de comportamientos, Soria lo único que consigue es agrandar y confirmar su fama de ordeno y mando que posee por estos lares. Y por añadidura, la de él, la del gobierno al que pertenece y la de su partido.
Así está la clasificación: Rivero en primera posición. Soria segundo, pero viendo como su rival se va alejando en la clasificación. Porque en esta competición por el poder en Canarias, Rivero le está sacando todo el jugo a un coche en clara desventaja al que usa Soria, que debe pensar que con la potencia del motor de su coche y la escudería con la que corre, basta y sobra para ganar todas las carreras sin salir de boxes. Consecuencia: los que asistimos, obligados por la circunstancia, a las carreras estamos cada vez enfurecidos con las maniobras que usa el ministro para ganar la competición al presidente autonómico. Enfurecidos porque en realidad las consecuencias de sus maniobras las sufrimos todos.
Otra cosa es ver como el piloto de la escudería Coalición Canaria, maneja los recursos que le da la competición. Ustedes, estimados lectores, ya conocen mi opinión sobre esto.
Saludos y hasta otro comentario.
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