lunes, 29 de octubre de 2012

De cuerpo presente.

    El consumismo lo devora todo y sin mirar lo que hay en el plato. Esta sociedad ya no respeta ni a sus muertos. El primero ya ha adelantado la campaña navideña para que a nadie le falta el turrón y sin enterrar la campaña de la fiesta tradicional importada de los USA con la que honran a sus difuntos. Por cierto, haber si algún día hacemos nuestras su competitividad estudiantil y laboral, su patriotismo, su política y otras cosas buenísimas que se pueden aplicar en España.
   La segunda se lo permite y se une a la fiesta con gran algarabía porque necesita un estado perpetuo de somnolencia para olvidar nuestra cruel realidad. Por cierto la Iglesia Católica ni pregunta quién les ha dado vela en este entierro ni dice esta misa es mía. Vamos que no se queja.
   Cada festividad tiene su historia y su momento. Si nos olvidamos de ello y dejamos que los beneficios se apoderen de su razón de ser, perderemos la esencia de esa fiesta.
   Tenemos derecho a llorar y recordar a los seres queridos que hemos dejado atrás y que en un futuro harán una parada para recogernos y seguir el camino juntos, sin necesidad de que atraquen nuestro bolsillo, que anda muy delicado últimamente.
   Un saludo y hasta otro comentario.
  
  

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