Ya pasó, ya pasó, ea, ea, ea, descansa mi niño.
Calmada la sed de venganza furibunda de los fanáticos seguidores de la religión islámica, es hora de que alguien les diga que no deberían ofenderse por el sentido del humor del resto del mundo. Sobre todo cuando ellos no permiten la entrada en sus mezquitas con calzado. Hay que dejarlo en la entrada. Seas creyente o no. O que esté mal mirado que seas de otra religión. O la constante denigración de la mujer, la niña tiroteada por querer estudiar es el ejemplo más reciente. Y si eres homosexual, no esperes nada bueno por parte de esa sociedad.
Europa y el resto del mundo deben alzar la voz lo suficientemente alto para acallar la de estos sujetos. Decirles que tener fe está bien y es saludable, pero que ésta no debe regir la vida y la libertad de las personas. Que deberían acabar con su Islámica Inquisición más preocupada de una hipotética vida en el más allá, como todas las religiones, y empezar a vivir conforme a un pensamiento y unas leyes más cercanas al ser humano. Hay toda una eternidad para preocuparse de lo mala persona que se ha sido en vida. O no hace falta.
Saludos y hasta otro comentario.
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